
Ante nuevos brotes de Aujesky recomiendan reforzar la bioseguridad en las granjas porcinas
Jose Casado
La sanidad es uno de los pilares de la producción porcina. En un contexto de creciente tecnificación y mayores exigencias de eficiencia, prevenir el ingreso de enfermedades a las granjas resulta tan importante como optimizar la nutrición, la genética o el manejo de los animales. La reciente preocupación del sector por nuevos brotes de la enfermedad de Aujeszky en la Argentina volvió a poner el foco sobre una cuestión central: la bioseguridad no debe intensificarse únicamente cuando aparece una amenaza, sino formar parte de las prácticas cotidianas de cada establecimiento.
La enfermedad de Aujeszky, también conocida como pseudorrabia porcina, es una infección viral que puede provocar problemas reproductivos, mortalidad de lechones y pérdidas productivas. Su presencia también puede afectar los movimientos de animales y la comercialización, por lo que la detección temprana y el cumplimiento de los protocolos sanitarios son fundamentales. En este escenario, Provimi – Cargill Animal Nutrition & Health, destaca la importancia de trabajar junto a los productores en la prevención, mediante herramientas de manejo, capacitación y asesoramiento técnico que permitan identificar puntos vulnerables antes de que se transformen en problemas sanitarios.
La primera barrera está en la puerta de la granja
Uno de los principios básicos de la bioseguridad consiste en reducir las posibilidades de ingreso y circulación de agentes infecciosos. Los movimientos de animales, personas, vehículos, equipos y materiales pueden representar riesgos cuando no existen procedimientos claros de control. Por eso, los especialistas recomiendan prestar especial atención al ingreso de reproductores y animales de reposición, la procedencia sanitaria de los establecimientos proveedores, la circulación de camiones y la separación entre áreas limpias y potencialmente contaminadas. También resulta fundamental establecer normas para visitantes, contratistas y trabajadores, con indumentaria y calzado exclusivos para las áreas productivas, además de procedimientos de higiene y desinfección adaptados a cada granja. La eficacia de estas medidas depende tanto de s u diseño como de su cumplimiento diario.
Detectar a tiempo: Señales que no deben pasar inadvertidas
La vigilancia sanitaria comienza con la observación cotidiana. Cambios inesperados en los parámetros reproductivos, mortalidad de lechones, alteraciones en el comportamiento o en el consumo de alimento pueden indicar que algo no está funcionando correctamente y requieren evaluación veterinaria. Llevar registros productivos y sanitarios actualizados permite identificar desvíos, comparar resultados y actuar con mayor rapidez. Ante signos compatibles o sospechas de Aujeszky, corresponde contactar al veterinario responsable y notificar inmediatamente al SENASA, conforme a la normativa vigente. El diagnóstico debe realizarse mediante los procedimientos y pruebas correspondientes. La prevención no reemplaza la vigilancia: ambas deben funcionar de manera coordinada.
Limpieza y desinfección: Dos pasos diferentes , una misma estrategia
La limpieza y la desinfección constituyen componentes esenciales de cualquier programa de bioseguridad, pero no son sinónimos. La limpieza permite retirar suciedad y materia orgánica que pueden interferir con la acción de los desinfectantes. La desinfección, realizada posteriormente con productos apropiados y bajo las condiciones indicadas, busca reducir la presencia de agentes infecciosos en superficies, instalaciones y equipos. El proceso requiere prestar atención a la concentración del producto, el tiempo de contacto, la compatibilidad con los materiales y las condiciones de aplicación.
Especial importancia adquieren los vehículos de transporte, las zonas de carga y descarga, los accesos, los equipos compartidos y las instalaciones que se utilizan entre diferentes lotes de animales. En este marco, Provimi – Cargill Animal Nutrition & Health distribuye Virkon S, un desinfectante de amplio espectro que puede incorporarse a programas de limpieza y desinfección de establecimientos pecuarios, siempre de acuerdo con las indicaciones de su etiqueta autorizada y las recomendaciones del profesional responsable. Sin embargo, ningún desinfectante, por sí solo, garantiza la protección sanitaria de una granja. Su eficacia depende de una correcta utilización y de su integración con otras medidas preventivas.
Cinco medidas para reforzar la bioseguridad
Frente al escenario sanitario actual, resulta conveniente revisar los protocolos existentes y verificar que se cumplan de manera efectiva:
1. Controlar los ingresos. Registrar y supervisar el movimiento de personas, animales, vehículos y equipos, con especial atención a su procedencia y a los requisitos sanitarios correspondientes.
2. Fortalecer la vigilancia. Monitorear indicadores reproductivos, sanitarios y productivos, mantener registros actualizados y consultar rápidamente al veterinario ante cualquier anomalía.
3. Revisar la limpieza y desinfección. Verificar procedimientos, productos, concentraciones, tiempos de contacto y puntos críticos, especialmente en vehículos y zonas de tránsito.
4. Capacitar al personal. Asegurar que cada trabajador conozca los riesgos, comprenda los protocolos y sepa cómo actuar frente a una situación sospechosa.
5. Trabajar con asesoramiento veterinario. Revisar periódicamente los planes de bioseguridad y cumplir las disposiciones oficiales de vigilancia, diagnóstico, notificación y saneamiento.
Prevenir también es proteger la productividad
Las consecuencias de un problema sanitario no se limitan a la salud de los animales. Una enfermedad puede alterar los indicadores productivos, generar costos adicionales, comprometer la planificación y afectar la continuidad operativa del establecimiento. Por eso, la bioseguridad debe entenderse como una inversión permanente y no como una medida excepcional frente a una emergencia. Desde Provimi – Cargill Animal Nutrition & Health se promueve un abordaje integral de la producción porcina, en el que la nutrición, el manejo, la sanidad y la capacitación forman parte de una misma estrategia de eficiencia. En ese sentido, su equipo técnico acompaña a los productores con asesoramiento y herramientas orientadas a fortalecer las buenas prácticas, identificar oportunidades de mejora y adaptar las recomendaciones a las necesidades de cada sistema productivo.
El objetivo no es generar alarma, sino fortalecer una cultura de prevención: anticiparse a los riesgos, actuar con información y comprender que la bioseguridad se construye todos los días. Porque, en producción porcina, proteger la salud de los animales también significa proteger el trabajo, la inversión y el futuro de cada granja. (Infocerdo)


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